Keith
Nunca pensé que seguir a una nueva vampira fuese tan divertido. Sobre todo por la facilidad con la que se asustaba. Aunque la verdad es que yo tenía la culpa de sus miedos, pero si le explicaba todo desde el principio, no habría tenido gracia. Corría de una habitación a otra sin darse cuenta de que la estaba vigilando, solo notaba mi risa, pero quería dejarle alguna que otra pista. Ella ya debía tener hambre, se notaba en su color… Y no me equivocaba, al momento salió por su ventana para llegar al tejado. La vi observar, meditar y… ¿atacar a una rata? No pude resistirlo más, tuve que entrar en escena y darme a conocer.
-¿Ratas? Con todos los tipos de sangre que existen… ¿tu te decantas por las ratas? – le dije, sin poder reprimir mi propia risa.
Ella se quedó completamente rígida, parecía que tenía miedo de que yo estuviese ahí, y eso hizo que no pudiese ocultar una sonrisa. Se dio la vuelta muy lentamente y clavó sus enormes ojos azules en los míos. Su expresión era una mezcla entre miedo y sorpresa.
-Tú… - susurró.
-Keith Evans, para servirte – dije haciendo una estrambótica reverencia, para quitarle tensión a la presentación. Seguía pareciendo aterrada. – No te preocupes, he venido a enseñarte lo que significa ser un vampiro… y a que dejes de comer ratas. Sinceramente… me da un poco de asco.
-Eres el que me ha hecho esto, ¿no es cierto? – su mirada se volvió desafiante, pero sabía que realmente sus ojos mostraban terror.
-Yo te mordí, yo te convertí, yo te llevé a casa… y yo te he estado vigilando. Y tu ni siquiera te habrías dado cuenta si yo no me hubiese mostrado.
-Pero… ¿por qué yo? ¿Qué tengo de especial para que me elijas a mi? – parecía que las preguntas se agolpaban en su mente, queriendo salir.
-Es sencillo, me parecía divertido convertir a alguien, y si una chica guapa se cruza en mi camino, pues es a la que elijo. – acababa de hacer que su cara se transformara en una mueca de incomprensión. Sin duda, cada vez era más divertido.
-Pero…
-Nada de peros, tú te vienes conmigo. Voy a mostrarte cómo s tu nuevo mundo – la cogí de la mano y tiré de ella mientras me lanzaba hacia el suelo desde el tejado. Por instinto, ella se agarró a mi espalda mientras caíamos.
-Lo siento, yo…
-¿No sabes qué hacer para abrazarme?
-Estúpido vampiro – masculló. Creo que la estaba volviendo loca poco a poco.
-Está bien, basta de bromas, eres nueva en esto y todavía tienes mucho que aprender. Por lo que he visto, ya sabes cuáles son nuestros puntos débiles, ¿no es cierto? Fuego, luz solar directa y todo eso… Y ahora tienes que empezar a cazar – le expliqué mientras repasaba mentalmente qué tenía que hacer con ella.
-No pienso matar a nadie – dijo con firmeza.
-Si, si, eso dicen todos. No quiero ser un asesino, no quiero matar humanos… ¿Sabes qué? Es tan malo matar un humano como matar a un perro, ahora todos son tu presa… Puedes decir que soy un monstruo, un asesino, pero tú eres igual que yo… y en cuanto pruebes la sangre humana no querrás otra cosa.
-¡No voy a ser como tú!
-Está bien, come ratas – reí -. Pero no vas a impedir que yo me coma también tu parte, sobre todo si hay una chica tan tentadora como aquella que está entrando en el callejón.
Sabía que aquella chica era la compañera de piso de Noah, la había visto. Y sabía que le había contado que era una vampira. Antes de que ella pudiese reaccionar, ya tenía a su amiga atrapada entra mis brazos.
-¡Noah! – gritó la chica - ¡Noah, por favor!
Pero Noah se había quedado petrificada. Ladeé la cabeza de su compañera, haciendo que su pelo multicolor cayese sobre mi brazo derecho. Ella temblaba. Deslicé mi lengua sobre la superficie de su cuello, saboreando su piel palpitante.
-¡No lo hagas! – Noah había salido de su estupefacción – Está bien, haré lo que quieras, seré una asesina como tú… Pero quiero que Brooke sea absuelta como presa.
-¿Sabes? No tenía intención de matarla. Pero me gusta saber que mis tácticas de manipulación son muy efectivas- solté a la chica y Noah se acercó.
-Increíble… Cada vez se confirman más de mis conocimientos sobre vampiros… - la humana me observaba boquiabierta.
-Brooke, ¿no es cierto? – le cogí la mano y se la besé, parecía el tipo de chica excéntrica a la que le gustaban los costumbres antiguos, y más si estaban relacionados con los vampiros de literatura romántica – Mi nombre es Keith, encantado de conocerte y hacer que un postre se convierta en una… amiga, ¿verdad, Noah?
-Si, es mi amiga, por lo tanto su sangre está vetada, por tu propio bien no vuelvas a intentarlo. ¡Y mi gata tampoco te la puedes comer! – parecía una niña a punto de empezar una rabieta.
-¿Un gato? ¿Crees que me comería a un gato? En serio, Noah, tú eres la única que come bichos, yo tengo sentido del gusto.
Brooke nos miraba mientras hablábamos, como en un partido de tenis. Estaba fascinada. Era cierto que los vampiros causábamos ésa sensación en los humanos, pero lo de aquella chica era todavía más fuerte.
-Oye… deberías irte a casa, Brooke – dijo Noah de repente -. Creo que tengo que ir con Keith, estoy empezando a dudar del control que tengo sobre mí misma, no quiero hacerte daño.
La humana asintió y salió corriendo hacia su piso. Los ojos azules de Noah se clavaron en mí, suplicando sin palabras que la alejase de allí. Y eso hice, la cogí de la mano y empezamos a caminar calle abajo. Empezaba su enseñanza, sin saber nada sobre nuestra especie, sin saber nada del pasado, del presente, y mucho menos del futuro que venía hacia ella precipitadamente. Yo era su panduan, y al mismo tiempo su protector.









